domingo, 29 de noviembre de 2015

TOMAS DE HERES

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              
 El General Tomas de Heres, nacido en An­gostura el 18 de septiembre de 1795, figura entre los próceres de la Independencia Sudamericana. Además de militar de la emancipación, fue periodista, gobernador, parlamentario y creador de uno de los dos primeros partidos políticos que existieron en Guayana.
José Fernández Heres y Méndez, quien será el padre del prócer de la independencia, general Tomas de Heres, era hispano y se radica en Angostura en tiempos del Gobernador Manuel Centurión Guerrero de Torres, vale decir, entre 1766 y 1776, comenzando la nueva ciudad de Santo Tomas de la Guayana a estabilizar sus bases definitivas en la Angostura del Orinoco.
José Fernández Heres y Méndez contrajo matrimonio con Maria Josefa Rivero y el 18 de septiembre de 1795 nace Tomas, su primer hijo, en una casa de esquina de su propiedad construida entre las ca­lles Nueva o de las Orozco (Libertad), y la hoy Amor Patrio.
       Pocas calles, pero bien delineadas, tenia entonces la ciudad. Casas altas de piedra y barro, agradables, y con vista al río desde las azoteas. Casas como cinceladas sobre la rocosa colina sin vegetación. Casas poblando las únicas calles: la Principal (Venezuela), calle de la Igle­sia (Bolivar); calle El Rosario (vigente desde entonces), calle del Go­bierno (Constitución); calle La Paciencia (Igualdad), calle del Espejo (Boyacá) y la calle San Cristóbal (Carabobo).

       El Niño Tomas estudió con maestros particulares y a los nueve años (1804) sus padres lo internaron en el Seminario Santa Rosa de Lima de Caracas, base de nuestra actual Universidad Central. Allí se formó y adquirió una cultura rígida durante seis años, al cabo de los cuales y dada la situación del 19 de Abril de 1810, regresó a Angostura que tenia a su padre haciendo las veces de Gobernador en calidad de Pri­mer Alcalde. Tenia la joven Tomas de Heres a la sazón 15 años y a esa edad su Padre lo hizo ingresar a la milicia Urbana. Su padre José Fernández de Heres era, como se decía entonces, blanco ilustrado, pero como tal no había destacado en los asuntos públicos de Angostura sino en el lapso administrativo del Gobernador José Felipe de Iniciarte (1797­1810). Al efecto, su figuración comenzó al vencerse el lapso legal del Ayuntamiento en enero de 1810 y ser electo para ocupar la primera Alcaldía de la ciudad en sustitución de Francisco de Sales Echeverría. Para segundo Alcalde fue escogido Juan Crisóstomo Roscio en sustitución de Francisco Javier de Garate.
Juan Crisóstomo Roscio, como su hermano Juan Germen Roscio re­sidenciado en Caracas, era de San José de Tiznados (Guarico), casado con la angostureña Mariana Contasti Arcadio, hermana de los Contasti.
La lucha por el Poder político de la ciudad, había generado dos ban­dos: de un lado el Alcalde Fernández de Heres apoyado por los Farreras, los Bonalde y Roble, los Chastre y el Capitán de la Guarnición Andrés de la Rua. Del otro bando aparecía Roscio apoyado por su suegro el Capitán de milicias Agustín Contasti, junto con otros miembros de su familia, entre ellos, los Machado, los Afanador y sus propios hijos Orocio y Ramón Contasti.
El Gobernador Iniciarte no tomaba partido por ninguno de los dos bandos, fundamentalmente porque ninguno de los dos estaba satisfe­cho con su gestión que ya iba para 13 años. De manera que tan pron­to se presentara la oportunidad, le pedirían la renuncia, como en efec­to ocurrió el 14 de mayo de ese ano aprovechando la coyuntura abier­ta por la invasión de Napoleón a España y la reacción del Cabildo de Caracas el 19 de abril de 1810 que había destituido al Capitán Gene­ral y nombrado una junta provisional de gobierno.

El Ayuntamiento de Angostura, a imitación del Cabildo de Caracas, solicitó la renuncia de Iniciarte y nombró una junta provincial que estuvo presidida por Fernández Heres como primer Alcalde, pero poco tiempo duró esta junta, pues el Obispo de la diócesis maniobro en forma tal que las cosas volvieron a su lugar con un nuevo Gober­nador, Matías Farreras, siempre atento a lo que decidieran las Cortes de España y no el gobierno de Caracas. Roscio y sus partidarios, radi­calmente opuestos a esta vuelta atrás, fueron expulsados del gobier­no y más luego reprimidos

Después de un tiempo en las milicias urbanas de Angostura, Tomas de Heres paso a formar parte del Numancia, el famoso batallón que en la Batalla de Araure había perdido el estandarte con el Batallón sin Nombre. Pero en 1819, el Numancia fue enviado al Pera por Pablo Morillo para reforzar al frente realista contra la inminente amenaza del ejercito patriota de San Martín que había libertado a la Argentina y Chile y se proponía invadir al Perú como en efecto lo hizo desde el puerto de Valparaíso el de septiembre de 1820 con 2300 soldados argentinos y 1800 chilenos. Así el Numancia, de 600 plazas, Paso a formar la vanguardia del ejército realista peruano mandado por el general español Jerónimo Valdez.
El ejército patriota de San Martín penetraba arriesgadamente en el Perú venciendo en cada jornada al ejército del Virrey La Serna y des­plegaba operaciones por el Norte de Lima acompañado de mensajes destinados a los soldados americanos que los protegían para que aban­donaran "el ignominioso empeño de servir al opresor de su Patria". El primero en aceptar el mensaje y dar el ejemplo fue el Batallón Numancia, capitaneado por el Teniente coronel Tomas de Heres, quien, el 2 de diciembre de 1820, a la cabeza de 600 soldados con su oficia­lidad se paso a las banderas victoriosas del ejército de San Martín que desde el Sur parecía estimular el ímpetu de Bolivar desde Angostura que ya para entonces había puesto pie en Cundinamarca y se alistaba para dar la batalla decisiva en Carabobo.
                 
El Batallón Numancia, de la vanguardia del Ejercito realista, que defendía a la capital del virreinato, estaba integrado en su mayoría por oficiales y soldados de Venezuela y Colombia que habían sido des­arraigados de sus patrias y querían aprovechar la coyuntura que le ofrecía San Martín para entrar de Reno a lucha por Colombia. De todas maneras, su conducta favorecía de plano las operaciones mili­tares del caudillo del Sur, tanto así que no pudo ocultarlo y así se lo manifestó San Martín a su homologo el Libertador Simón Bolívar en esta carta fechada en el Cuartel General de Huanra, el 26 de marzo de 1821: Excelentísimo Señor: Desde que abrí la campana para libertar al Perú, enumere entre mis principales recursos la moral del bravo batallón de Numancia, que el Virrey de Lima estimaba como una de las primeras columnas de su ejercito. Repetidos testimonios me habían convencido que el tiempo de la ilusión había pasado y que los valientes oficiales y soldados americanos de aquel cuerpo aprovecharían un momento feliz para convertir sus armas contra los opre­sores de su patria.

La fortuna excitada por el valor del Coronel D. Tomas de Heres, auxi­liado por los oficiales Americanos de dicho batallan, favoreció mis maniobras; y en la madrugada del 2 de Diciembre presentó aquel joven ante las filas de mis tropas el cuerpo de Sumancia con toda su fuerza para que se emplease en defensa de la independencia Ameri­cana. Este acontecimiento memorable fue acompañado de las cir­cunstancias detalladas en el boletín num. 6, que tengo el honor de acompañar a V .E.

Nada me habría hecho mas satisfactorio que acreditar mi gratitud tan dignos soldados restituyéndolos al seno de una patria de que fue­ron arrancados con tiranía, y cuya memoria debió inspirarles su magnánima resolución; pero el grande interés de la causa en que estoy empeñado, y la influencia de los sucesos del Perú en la suerte de esa República, me movieron a incorporaros al ejercito con las distincio­nes merecidas, y haciendo en el orden de escala las alteraciones nece­sarias.
Me es, sin embargo, muy agradable declarar a V. E. que el batallón de Numancia pertenece a los ejércitos de la República de Colombia; que solamente permanecerá incorporado al que mando, mientras dure la guerra contra el gobierno opresor del Perú, y que concluida esta campaña regresara a esa República con todos los auxilios y reempla­zos que pudiera proporcionarle bajo la confianza de que lo recibirá V. E. con el renombre de "Leal a la Patria", con que he creído justo distinguirlo.

Al ser instruido V .E. de esta importante adquisición, yo me anticipo la satisfacción de que V .E. unirá sus votos a los míos. Defensores de una misma patria, consagrados a una misma causa, y uniformes en nuestros sentimientos por la libertad del Nuevo Mundo, pertenece a .E. la congratulación de que los soldados de la República de Colombia se empleen contra el poder tiránico de la España en cualquier parte del continente en que aflija los hijos de la América.

Entre tanto es muy justo recordar a V .E. el relevante merito de los autores de la transformación del Numancia. Al coronel D. Tomas de Heres, Sargento Mayor D. Nicolás Lucena, y demás oficiales America­nos, cuya lista enviare a V .E. oportunamente, es debida gloria de este golpe mortal a los enemigos de la Patria. Ellos y los bravos soldados numantinos merecen la estimulación de V. E. y el agradecimiento de la República: ellos adquirirán nuevos honores y volverán a su patria con los trofeos que cubran para siempre los vestigios que dejó su conducta cuando incautamente pelearon baso el estandarte de los tiranos.

No obstante tantos elogios y reconocimientos, el Coronel Tomas de Heres no permaneció mucho tiempo en el ejercito meridional, apenas once meses. El General José de San Martín se vio obligado a separarlo debido a que le denuncio una conspiración en su contra que se estaría gestando dentro del propio mando militar, pero no presento suficien­tes pruebas. De manera que el 30 de octubre de 1821 se despidió de Lima y se marcho a Guayaquil a ponerse a la orden del General Anto­nio José de Sucre, quien desde allí abría operaciones para la ocupación de Cuenca y de Quito. Heres le fue de gran ayuda a Sucre, quien lo utilizo como delegado personal para convencer a las autoridades re­publicanas de Lima de la necesidad de enviar tropas peruanas para reforzar la empresa libertadora. En febrero de 1822, con dos Divisio­nes, una colombiana y la otra peruana, ocupo a Cuenca y designó al Coronel Tomas de Heres Gobernador y Comandante General de esa provincia clave para la ocupación de Quito.



Heres entre Sucre y Bolivar

Luego de permanecer casi un año al lado de San Martín, el angostureño Tomas de Heres tuvo el privilegio de estar muy cerca de Bolivar y Sucre, caudillos de la Revolución emancipadora. Un privile­gio que escasamente tuvieron en su carrera oficiales de igual o mayor graduación. Entonces era Heres un Teniente coronel. De suerte que su posición, desde el 3 de diciembre de 1821, resultaba envidiable para muchos oficiales, marcadamente cuando San Martín se desataba elo­giando el hecho numantino como "golpe mortal contra el enemigo", lo cual, evidentemente, facilito su acceso a Lima para poder hacer vale aquel divulgado titulo de Protector del Perú.

Pero la intención de Heres como del resto de la oficialidad no era permanecer indefinidamente en el Sur sino que tempranamente el Batallón Numancia fuese incorporado al Ejercito de Colombia coman­dado por el general Simon Bolivar y que mientras permaneciese al lado de soldados argentinos y chilenos el Numancia luciera las bande­ras amarillo, azul y rojo. Sin embargo, Heres no duro mucho tiempo al frente del Numancia, pues al extremar su celo entero a San Martín de una supuesta rebelión de los mandos del ejercito republicano, denun­cia bastante delicada que por comprometer la seguridad del propio Heres, San Martín le pidió que renunciara.

Heres que ya había sido ascendido a Coronel lo hizo en estos términos alegando motivos de salud: “Exmo. Señor Protector del Perú: por mis males no me es posible atender por ahora como se debiera al complicado mando del batallón que V.E. tuvo a bien confiarme. Por lo tanto, aunque con bastante sentimiento mío, me veo en la precisión de suplicar a V.E se digne permitirme también por ahora mi separación, al mismo tiempo que mi pase al pueblo de Lurin, donde a beneficio de la tranquilidad, y de los auxilios del temperamento, espero reponer mi bien decaída salud. Soy de V.E., Exmo Señor su muy obligado y obediente servidor. Tomás de Heres”.

Con fecha 30 de octubre de 1821, Heres recibió pasaporte de San Martín para pasar a Guayaquil a ponerse a las órdenes de Sucre, en­tonces comandante de las fuerzas de Colombia que operaban allí. Ya Sucre sabia de Heres por carta que el angostureño le había enviado el 25 de septiembre de ese año anunciándole el deseo de que el Numancia pasara a formar parte del cuerpo militar de Colombia; de todas mane­ras, cuando Heres se presentó en Guayaquil para conocer personal­mente a Sucre y ponerse a sus ordenes; este cumplió con un precepto de moral militar que era el de pedirle información al Ministro de Gue­rra del Perú.

El Ministro de Guerra B. Monteagudo respondió: "Señor general de brigada Antonio José de Sucre, Asociado a la Orden del Sol: El benemérito coronel D. Tomas de Heres, de quien se sirve V. S. tratarme en su nota de 27 de noviembre ultimo, es un jefe de aptitudes, patriotismo y señalados servicios a la causa de América. El Protector del Perú se halla satisfecho de sus operaciones, y solo un momento desgraciado, en que acaso por un celo imprudente hacia S.E. se comprometió en un lance de suma delicadeza, obligo a que se le separase por su propia seguridad. Puede V .S. en consecuencia destinar al referido coronel, en inteligencia que desempeñara cumplidamente cualquier cargo que se le confié, y el Perú jamás olvidara los servicios distinguidos que le ha hecho. Renuevo a V .S. los sentimientos de la mas distinguida consideración con que soy su atento servidor".

A partir de este momento, Heres paso a formar parte de los oficiales de confianza del General Sucre, confiándole importantes misiones en función de la campana que Llevaba adelante para la ocupación de las ciudades de Cuenca y Quito.

Sucre después de haber ocupado Cuenca y dejado a Heres como Gobernador y comandante general de esa provincia, prosiguió su avance hacia Riobamba, la cual ocupo para marchar hacia las faldas del vol­cán Pichincha, donde se enfrento victoriosamente a las fuerzas de Melchor Aymerich el 24 de mayo de 1822 decidiendo la libertad de lo que es hoy Ecuador así como su incorporación a la Gran Colombia, de acuerdo con la Ley Fundamental sancionada por el Congreso de An­gostura.
El 15 de junio Bolivar y Sucre se encontraron en Quito y luego el Libertador paso a Guayaquil donde sostuvo una entrevista con San Martín para decidir la suerte del Perú seriamente amenazada.
Habiendo cumplido su misión como Gobernador y Comandante de Cuenca, lo cual tenia como objetivo fundamental facilitarle la logística en todo el trayecto a las Divisiones de Sucre hasta Riobamba y Quito, Heres paso al servicio directo del Libertador, primero como Comandante de la División Sur de Colombia y seguidamente como Subjefe de Estado Mayor del Ejercito Libertador (1823).

Requerida la presencia de Bolivar en Perú para encargarse de la Presidencia y terminar la guerra emancipadora que no pudo concluir felizmente su Protector José de San Martín, mando adelante a Sucre y luego el primero de septiembre de 1823 llego a Lima en medio de la mayor aclamación. Lo acompañaba Heres a quien luego, 1824, confió la Jefatura del Estado Mayor y ese mismo año adopto como Secretario General. Heres le resultaba por su talento, disciplina y capacidad de captación, un excelente portavoz de su pensamiento, decisiones y res­puestas.

Con la Batalla de Ayacucho ganada por Sucre (9 de diciembre de 1824), quedo sellada la independencia del Perú, a excepción del Alto Perú adonde Sucre se desplazo para lograr otra victoria contra las fuer­zas del virreinato y crear la República de Bolivia

En 1825, el Libertador recorrió los pueblos de El Perú en medio de aclamaciones y logro que los Colegios Electorales aceptaran la Constitución redactada por el para la recién creada Republica de Bolivia, pero pronto los acontecimientos de Colombia lo obligaron a abando­nar al Perú donde había permanecido tres años. Se fue dejando en su lugar a un Consejo de Gobierno integrado en su mayoría por perua­nos y al General Tomas de Heres como Ministro de Guerra y Marina, mientras Sucre desde La Paz ejercía la Presidencia de Bolivia.

Pero, Heres, presionado por las circunstancias, ciertas intrigas y celos regionalistas, también atendiendo a insinuación del Libertador que quería otorgarle entera independencia al Consejo de Gobiernose vio obligado a renunciar, al tiempo que la Presidencia de Colom­bia lo designaba Encargado de Negocios de Chile. Bolivar, al saberlole escribe desde Cuzco: "Mi querido general: He recibido la aprecia­ble carta de Vd. del 22 de junio con mucha sorpresa, y sin Ella. Con sorpresa y desagrado, porque me oculta Vd. los motivos que ha tenido para su renuncia; y sin ella, porque todo aconsejaba esta medida. De todos modos, yo me alegro infinito de que Vd. se haya retirado antici­padamente, para que mi resolución no pueda perjudicarle en la menor cosa. Así vera el publico lo injusto que era con Vd. suponiéndole mira en el gobierno; así vera el publico que los colombianos nada quieren en el gobierno del Perú.

"Sobre la marcha de Vd. a Chile, diré francamente que no le conviene de modo alguno, porque no lo van a considerar a Vd. Como un agente de Colombia, sino como un espía mió. Por lo mismo, yo aconsejaría a Vd. que le escribiera al general Santander, diciéndole el estado de las cosas, y que si quería darle alguna comisión, fuese mas bien donde yo estuviese, pues Vd. conmigo es siempre mas útil y considerado por lo mismo como debe ser..."

De manera que resulto efímera su permanencia como Encargado de Negocios en Chile debido a que el Consejo de Gobierno convino en retenerlo en el Perú como Ministro del Despacho de Relaciones Exteriores por sugerencia de Bolivar que lo necesitaba allí: para coadyuvar a su plan de una gran federación que involucrase a Panala, Colombia, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Perú (Congreso de Panamá).

A propósito de su ingreso a la diplomacia, el Libertador le da algu­nos consejos: "En los asuntos diplomáticos (decía a Heres desde Ica), daré a U. una buena máxima: calma, calma, calma; retardo, retardo, retardo. Cumplimientos: palabras vagas: consultas: exámenes: retorsiones de argumentos y de demandas: referencias al nuevo Con­greso: divagaciones sobre la naturaleza de la cuestión y de los docu­mentos... y siempre mucha cachaza, y mucho laconismo para no dar prenda al contrario. Excúsese U. con que es militar: con que no conoces la naturaleza de los negocios de que lo han encargado (ver­balmente); que U. es interino y que los negocios del Perú son muy delicados. Sobre todo, téngase U. siempre firme en los buenos princi­pios y en la justicia universal... Tengamos una conducta recta y deje­mos al tiempo hacer prodigios".

Desde ese Ministerio, Heres dirige El Observador, periódico sema­nario del Gobierno, al cual Bolivar, desde Copacabana (14 de agosto de 1825) le hace recomendaciones: "...Los artículos deben ser cortos, picantes, agradables y fuertes.

Cuando se habla del gobierno, con respeto; de legislación, con sabiduría y gravedad. Yo quiero que se proteja a ese periódico; pero no aparezca U. como principal, mas bien que sea Larrea o un amigo, y que se organice con elegancia y propiedad. Pídale U. dinero a Romero para proteger las letras".

Ese mismo ano de 1825 Heres fue ascendido a General de Brigada por el Congreso de Colombia y al ano siguiente volvió a encargarse del Ministerio de Guerra y Marina. Allí se sostuvo hasta 1827 que estallo una insurrección militar peruana contra la presencia militar colombiana en Perú. Esta insurrección con respaldo de sectores civi­les, desconoció la autoridad del Libertador y nombro Presidente del Perú, primero al general José de Santa Cruz (boliviano) y luego al general José de La Mar (guayaquileño).

El nuevo Gobierno del Perú presidido por La Mar pretendió recu­perar el Alto Perú (Bolivia) y Guayaquil (Ecuador), aprovechando la crisis política gran colombiana y el forcejeo de Venezuela por la separación, pero tales pretensiones se vieron frustradas el 7 de febrero de 1829 con la Batalla de Tarqui (Ecuador) conducida triunfalmente por Sucre y en la cual participo activamente el general Tomas de Heres. Fue la última batalla en la cual participo activamente el seve­ro angostureño, batalla de despedida para darle una lección de gue­rra a sus perseguidores, en fin para dejar tranquilo al Sur, a cada país sureño con propio gobierno soberano, y retornar al seno de la familia en la lejana y amada Angostura del Orinoco.

Retorno a la Angostura

Luego de la Batalla de Tarqui, 27 de febrero de 1829, Tomas de Heres, fue ascendido a General de División y tomo la decisión de retirarse del servicio militar activo para reintegrarse al seno de su familia en Angostura, con la que siempre tuvo permanente contacto y giraba parte de su sueldo.

Deseaba llegar a tiempo para el anunciado matrimonio de dos de sus hermanas: Luisa, quien se casaba el 17 de diciembre con Antonio José Soublette, hermano del General Carlos Soublette y Trinidad que tenía compromiso con Fernando Olivares. Ya su otra hermana Petronila se había casado con Marcos Calderón. Además de estas tres hermanas, Heres tuvo dos hermanos: José Maria, casado en Barcelona con Gumersinda Blasco y Manuel Maria que murió soltero. En cuanto a el, permanecía ajeno al matrimonio, pero ya le había puesto el ojo a una dama de la familia Rodil en casa contigua a la suya.

Heres llego a Angostura el 20 de octubre y en diciembre de ese año 1829 recibió carta de Rafael Urdaneta enterándolo de la critica situación política de Colombia: "Mi querido amigo: Aunque no se de U. después de Pore, quiera Dios que no haya sufrido algún daño en su viaje. Aquí estamos de mal en peor. Las noticias de Venezuela anun­cian que allí solo se piensa en separación, y Soublette me dice que esta muy avanzada, y que ya el General Páez creía de su deber avisarlo al Libertador. Soublette no viene al Congreso, ni Carabano, ni Aranda, ni Salem, ni que se yo quienes mas: el primero por enfermo, los otros no se por que. El Libertador nos ha escrito que vendrá para la apertura del Congreso, que el de Enero cesa en sus funciones, reúnase ó no el Congreso, admítase no su renuncia, suceda lo que suceda: 'qué tal?; yo estoy listo para entregar la Secretaria, pero el Congreso me ha ins­tado para que continué hasta el de Enero, y he condescendido. El General Sucre llegara por el 20: ya le tengo casa. La ultima carta es de Ibarra, del 15 del pasado; pero en Popayán le esperaban el 30. Las noticias de Venezuela y las comunicaciones del Libertador han enfria­do mucho las gentes, y ya todos dudan lo que podrá hacer el Congreso. Yo sigo mi propósito; y, pasado el Congreso, me ire si no me fusilan. Mi familia Saluda a U., y también la Baraya y niñas. Me repito su amigo de corazón".
Efectivamente, al ano siguiente la separación de Venezuela y luego del Ecuador fue una realidad y terminó de sellarlas el asesinato de Sucre el 4 de junio y el fallecimiento del Libertador el 17 de diciembre de ese mismo ano de 1830.
El general Tomas de Heres retornó a los 34 años de edad, cuando Guayana era gobernada por Juan Antonio Mirabal, adepto al movi­miento separatista y su intención fue la de permanecer ajeno a los sucesos políticos, no obstante haber sido electo miembro del Congre­so Constituyente de Venezuela, pero no asistió. En su lugar concu­rrió el suplente Antonio José Soublette, su hermano político junto con J. Álvarez, el otro representante por Guayana.

La Asamblea Constituyente se realizó en Valencia bajo la presiden­cia del Dr. Miguel Pena y aprobó la Carta Fundamental de Venezuela el 22 de septiembre de 1830. Por cierto que Monseñor Mariano Talavera y Garcés, encargado de la Diócesis de Guayana, fue expul­sado a Trinidad junto con los Obispos de Mérida y Caracas por ne­garse a jurar la Constitución que dejaba abierta la brecha para el establecimiento de la libertad de cultos. Allanado el inconveniente entre la Iglesia y el Estado, regresó al ano siguiente siendo Goberna­dor el coronel Ramón Contasti, quien al igual que Heres le ofreció toda la ayuda posible para la terminación de la Iglesia Catedral que todavía se hallaba inconclusa.
Heres no asistió a la Constituyente, pero si al Congreso, en calidad de senador, 1833, ano en que contrajo matrimonio (13 de mayo) con su prima Maria Jesús Rodil Rivero, hija de Juan Álvarez Rodil Martínez y Juana Josefa Rivero Morin, hermana de la esposa de José Fernández Heres.
El matrimonio se efectuó en la que hoy se conoce como Casa Paschen. Esta casa contigua a la de Heres, fue construida por Juan Alvarez Rodil en 1791 siendo Escribano Publico y de Real Cámara.
Al primer gobierno de José Antonio Páez, pautado a 4 años por la Constitución, le interesaba consolidar la unidad del país y en esa di­rección orientaba sus esfuerzos a fin de que la imagen hacia fuera de la Venezuela separada y soberana, resultase favorable a las gestiones de reconocimiento de Nueva Granada y de España. En el curso de ese primer periodo constitucional de gobierno, el Congreso autoriza el regreso de los Obispos expulsados y asimismo de los militares bolivarianos.
El Gobernador de Guayana, coronel Ramón Contasti, prócer de la Independencia, sortea con éxito algunas dificultades gracias al res­paldo de los oficiales angostureños que regresan tras participar ac­tivamente en la guerra de Independencia, entre ellos el Capitán José Tomas Machado, Ascensión Farreras, Bibiano Vidal y Tomas de Heres, quien lo sustituye en la Gobernación luego de las elecciones de se­gundo grado llevadas a cabo para elegir al nuevo Presidente Consti­tucional de la Republica y las cuales favorecen al Dr. José Maria Vargas. Este virtualmente era el candidato de los mantuanos frente al general Carlos Soublette, candidato de otro sector de la Oligarquía encabe­zado por Páez.
No obstante la llamada Revolución de las Reformas que interrumpió el mandato de Vargas y abrió circunstancialmente a Soublette el cami­no de acceso al Poder, en Guayana todo parecía ir bien con la continui­dad constitucional. Heres gobierno sus cuatro anos estrictamente ape­gado a la ley, implacable contra los vagos, maleantes, contrabandistas, malhechores y jugadores a través de una policía rígida y sin contem­placiones. No dejaba entrar a Guayana gente sin pasaporte y se resistía incluso a ser flexible con ciertas normas que a juicio de comerciantes, artesanos y pequeños industriales eran obsoletas e impedían la expansión económica de la región.
Páez volvió al Poder por un segundo mandato, lo que significaba la continuación de los "heresistas" en el gobierno regional por el cual pugnaba una corriente civil que liderizaba el rico comerciante italiano Juan Bautista Dalla-Costa, propietario desde la colonia de la Casa Mercantil mas poderosa y de gran influencia en el sector económico­ comercial de la región. Dalla Costa era casado con una hermana del general Carlos Soublette y una hermana de Heres, casada con un her­mano del mismo Soublette. En 1839, el Gobierno de Páez deroga la Ley de Prensa de Colombia que todavía regia en Venezuela y promulga una de sello venezolano, aparentemente, pues dejaba intactas las pe­nas dirigidas a controlar la libertad de expresión. Sin embargo, ello no es obice para que Juan Bautista Dalla Costa facilite a través de su firma mercantil, la importación de una prensa bien equipada, la segunda que llego a Angostura después de la del "Correo del Orinoco", para que los Hermanos Ayala, conocedores del ramo, editaran un semanario donde la oposición pudiera expresarse frente a los administradores de la cosa publica. Asi surgió "El Telégrafo", sin director responsable. Todavía nadie se atrevía a dar la cara contra las cosas duras que se deciancontra el gobierno. Este periódico de vida efímera fue reemplazado por "El Campanero" y este por "Cuatro contra tres", todos desde sep­tiembre hasta diciembre de 1839. Al ano siguiente se edito "La Cuen­ta"pero estos hebdomadarios, debido a la Ley de Imprenta, hacían una oposición nada condona con la gravedad del autoritarismo atri­buido al gobierno de Heres. De manera que había de seguirse el ejem­plo de una voz recia y contundente como la de "El Venezolano" editado en Caracas por Antonio Leocadio Guzmán, figura principal del Partido Liberal. Así fundaron la "Sociedad Filantrópica" y un órgano para divulgar su pensamiento y posición frente al Gobierno, tal "El Filántropo", de corte liberal, que para protegerlo de cualquier medida invoca­da a la luz de la Ley de Prensa, mudaron con taller de impresión y todo al vecino pueblo de Soledad y como los Ayala no querían comprome­terse directamente con la nueva lineal el viejo Dalla Costa hizo venir de Italia al tipógrafo Cristiano Vicentini. "El Filántropo" incendio las pasiones, atacó fuerte y directo al corazón del adversario, se desbordo hasta enturbiarse con el sedimento de sus propias verdades e inventi­vas. No había otro papel en contra y hasta cierto punto era envidiable la capacidad de aguante del Gobernante. Cada lunes bien temprano aparecía implacable "El Filántropo" que no perdonaba ni al repre­sentante de la Iglesia. Así permaneció circulando desde marzo de 1842 hasta el mismo mes del 43. Un ano suficiente para 29 edicio­nes, cada una impresa con el mismo timbre de voz, la misma tonali­dad, el mismo mensaje inalterable dirigido a suscitar contra el Go­bierno un odio irrefrenable que degenero en muerte, la muerte cruen­ta y criminalmente artera de quien era configurado como su figura central. El general Tomas de Heres murió a causa de un disparo que le desprendió el brazo izquierdo, el 9 de abril de 1842, siendo Co­mandante de Armas. El Gobernador en propiedad era Florentino Grillet, pero a decir de los adversarios, estaba influenciado por aquel caudillo de 47 anos a quien se le calificaba de conservador, severo y probo, pero con el prestigio envidiable de haber estado muy cerca de los tres grandes conductores de la emancipación americana.

Trágico y Alevoso Final

Ocurrió la noche del 9 de abril de 1842 en su propia casa natal cuando se hallaba de tertulia con el Obispo Mariano de Talavera y Garcés. La explosión de un trabuco disparado con premeditación y alevosía desde una ventana, todavía retumba en los oídos de quienes pesquisan en la historia documental para dar con los autores material e intelectuales de aquel crimen perceptiblemente político.

El adusto e inflexible general comandante de armas de la Provincia de Guayana conversaba bajo el resplandor de una luz mortecina en el salón principal de su casa, la vieja casa de sus ascendientes y donde el 16 de septiembre de 1795 había nacido.
Conversaba con sus amigos Justo Lezama, Tomas de Armas. Ma­nuel Pildain y Monseñor Mariano de Talavera. Los tres primeros se despidieron temprano y el General permaneció en su silla, acoda­do en una mesa, casi abstraído por lo que le decía el Obispo, con quien solía tertuliar frecuentemente. Pero he aquí que una explo­sión de fuego y sangre apago para siempre aquel dialogo entre el militar y el representante de la iglesia.

Desde la segunda ventana de su casa, norte a sur, un trabuco había sido disparado contra la humanidad de Heres. ¿Quien lo disparo? Jamás se supo. Solo que el impacto fue tan descomunal que el brazo izquierdo quedo destrozado desde la articulación del hombro hasta el codo, configurando una larga herida abierta, copiosamente san­grante, por donde comenzaba a escaparse la vida.
Los doctores Juan Teofilo Benjamín Siegert y Santos Gáspari, médicos de la ciudad, acudieron al instante, pero su ciencia y sus recursos estaban muy por debajo de la implacable ofensiva de la muerte.
Para evitar que el General muriese AB-intestado, el Juez de Prime­ra Instancia, Martiniano Rodil, apoderado de su hermana Maria de Jesús Rodil, convoco a los señores Andrés Eusebio Level, Vicerrector del Colegio Federal: J.T.B. Siegert. Medico del Hospital: Tomas de Ar­mas. Administrador de la Aduana, y comerciantes José Serrano y Pedro Cabrera, en calidad de testigos. En presencia de ellos, el Gene­ral formalizó in derbi su testamento manifestando que instituya como única y universal heredera de todos sus bienes, dineros y acciones, a su legítima esposa Maria de Jesús Rodil y encargaba a su hermana Luisa de Heres que viviese con ella. Las declaraciones de los testigos fueron evacuadas posteriormente por el Alcalde parroquial.
El General falleció a la una de la madrugada, minutos antes de reci­bir la extremaunción de Monseñor de Talavera, quien permaneció a su lado hasta que expire al igual que Maria de Jesús Rodil, esposa del General.
Las horas funerales presididas por el primer magistrate pro­vincial, Florentine Grillet: Coronil Ramón Contasti, comandante in­terino de la Guarnición: el Obispo y demás autoridades tuvieron lugar en la mañana del once. Los restos en medio de conmovedora manifestación de duelo fueron inhumados provisionalmente en una bóveda del cementerio perteneciente a Justo Lezama, Monseñor de Talavera con capa consistorial de luto y respaldado por el clero, acompañó inusualmente al General hasta su último destino.
Una muerte por encargo
La del General Tomas de Heres fue virtualmente una muerte por encargo, De quien o quienes? Nunca las autoridades judiciales ni civiles lo esclarecieron El Juez Antonio Ezeiza interesado en el caso dado los lazos de amistad que lo ligaban a la familia Heres Rodil, fracaso al no encontrar pruebas fehacientes que incriminaran a los sospechados, ni siquiera a los responsables de un articulo apare­cido días antes en el semanario de la Sociedad Filantrópica en el cual se vaticinaba su caída.
El artículo se refería, a manera de respuesta, a lo dicho por Heres en una reunión ocurrida en la casa de Tomas de Armas el 27 de marzo, según el cual sus partidarios tenían que trabajar constantemen­te en la liquidación de la Sociedad Filantrópica para evitar que "los forasteros se apoderen del mando en Guayana"
También se especuló y pesquiso sin resultados probatorios sobre la presunta autoría intelectual de quienes heredaron los bienes de Mag­dalena Guerra de Natera a través de un testamento denunciado como apócrifo y en cuya sentencia de nulidad, declarada en primera instancia por un Tribunal, habría influenciado Heres. No obstante esta sentencia quedo definitivamente revocada en instancia superior.
Lo cierto es que de la autoría material e intelectual del crimen nada se pudo indagar con fundamentos. Sin embargo en 1853, por actuarios de las autoridades de San Fernando que conocían de varias de­nuncias de abigeato, aparece como indiciado un tal Antonio López, quien había sido en 1842 cabo de la guarnición de Ciudad Bolivar. A este señor se le incriminaba también haber sido el autor del atentado contra el General Tomas de Heres.
 A fin de profundizar sobre los hechos denunciados, las autori­dades de San Fernando, ordenaron la captura e informaron al Juez de Ciudad Bolivar, Manuel Silvestre Díaz, quien acompañado del oficial Francisco Ferian y 15 soldados de la guarnición, viajo a cumplir la diligencia en La Urbana, lugar donde residía Antonio López, pero este al verse intimado burlo la acción de captura y se internó en la selva del Alto Meta de donde nunca mas se supo de el.

Fatal alternativa para un cambio político

Los dueños de los medios de producción y comercio, por regla gene­ral, tienden de alguna manera a influenciar o ejercer control de la cosa pública en función de sus intereses y cuando ello les resulta difícil, estimulan o lid erizan la oposición hasta alcanzar su objetivo.
Desde su llegada a Angostura, luego de concluida la campana del Sur, el prócer Tomas de Heres, al igual que en provincias distintas otros de la guerra de Independencia, se erigió, bajo la protección del Poder central, en caudillo de la provincia de Guayana, ocupando cuando no la Comandancia de Armas, la Gobernación o, en todo caso, soste­niendo en esos cargos a gente de su influencia.
Heres resulto un gobernante austero. Inflexible, apegado a una ley, muy poco avenida a las características del comercio provincial. Ello, por supuesto, resulto intolerable para los intereses de la economía regional que tenia como eje a la poderosa casa mercantil del inmi­grante serones Juan Bautista Dalla Costa, instalado en Angostura des­de los mismos tiempos postrimeros de la Colonia, pero que ostentaba el haber prestado importantes servicios a Bolivar y a la cau­sa republicana.
Para 1842 cuando ocurrio el atentado que segó su vida, Heres lleva­ba 12 años en el Poder y no había manera de avenirlo o sustituirlo, pese a que Dalla-Costa había organizado una implacable oposición a través de la "Sociedad Filantrópica" y contaba en la altura del poder central con el virtual apoyo de Carlos Soublette, her­mano de su esposa Soledad Soublette Aristeguieta. Era que los galones del procerato pesaban demasiado a la hora de una decisión y los Go­biernos procuraban a favor de la estabilidad mantener contento los caudillos militares. La única salida parecía ser la muerte natural o trágica.
Y por la salida trágica salio Heres mediante atentado alevoso cu­yos hilos guardaron muy bien los grandes intereses económico ­políticos como lo evidencia la más elemental disección.
Simón García, un militar conservador, a través de un manuscrito fechado en San Fernando de Apure en 1858, ayuda a poner en claro algunos aspectos del atentado contra Heres, cuando señala con precisión los nombres de los autores materiales y del dinero que reci­bieron por llevar a cabo su crimen.
Se desprende del manuscrito que el atentado tuvo su origen en una conspiración civil que utilizo a un capitán (Eliseo López) y a un cabo de la guarnición (Antonio López), los cuales recibieron cada uno 3000 pesos con los cuales iniciaron una nueva vida, uno en el Cuchivero donde fue asesinado, y el otro en el Alto Orinoco, tragado por la selva.
Simón García, quien comando tropas del gobierno contra sublevaciones en el interior de Guayana en tiempos de la Guerra Fede­ral, menciona asimismo nombres de gente de la Sociedad Filantrópica, solo que señala como móvil lo del testamento de la señora Magdale­na de Natera ¿acaso como pretexto para desviar la atención de los verdaderos móviles del atentado?' Lo inexplicable es que el hijo ho­mologo de Juan Bautista Dalla Costa, siendo Gobernador de la pro­vincia en 1861, haya perdonado a García cuando este fue depuesto de su cargo por el Gobernante anterior, Florentino Grillet, responsabilizado de la muerte de varios revolucionarios capturados en Las Bonitas.
Lo cierto es que la muerte de Heres permitió el acceso de la Socie­dad Filantrópica al poder a través de las elecciones de 1846 ganadas por Francisco Avendaño, un cumanés prócer de la independencia recomendado por el Presidente Soublette y a quien después llamo, antes de Alegar al final del periodo de su mandato (1843-1846), para nombrarlo Ministro de Guerra y Marina. A partir de allí fue mas libre y alternativo el juego político, gente de uno y otro bando se alternaban en el Poder y el proceso democrático se acentuó cuando triunfante la Guerra Federal, la provincia de Guayana se transformó en Estado Soberano. Juan Bautista Dalla Costa hijo, quien se había educado y formado en los mejores colegios europeos, ejerció durante cinco años la presidencia del Estado Soberano de Guayana y se desta­co como un gobernante de progreso y visión futurista.
Heres en el Panteón Nacional
Los restos de Heres que se hallaban en bóveda prestada, fueron exhumados e inhumados en la Catedral, igualmente los del prócer José Tomas Machado, quien había fallecido el 30 de enero de 1862.
El 16 de noviembre de 1942, a los cien años del atentado, los restos del general Tomas de Heres volvieron a exhumarse y esta vez para rendirle los honores del Panteón Nacional.
El testimonio del lugar donde se encontraban los restos, lo dio el albañil Pedro Calderón, quien en 1895 le puso a la Catedral el piso de mosaico. También fueron exhumados los restos del capitán de navíos José Tomas Machado. Se hallaban dichos restos inhumados en fosas hechas de adobes y mezcla mulata (cal, arena y tierra) piso de ladri­llo.
Actuaron en la ceremonia de exhumación el juez Francisco D' Enjoy Ravago, el Presidente del Estado coronel Carlos Meyer y los familiares del prócer Clara Rodil de Machado, Gabriel Rodil de Ortiz, Rosalía Ortiz de Jara y Mercedes Rodil de Astor, así como el Dean de la Cate­dral Dámaso Cardozo.
Los restos de ambos próceres fueron trasladados a Caracas el 24 de noviembre y el Ejecutivo del Estado comisiono para su entrega al doc­tor José Gabriel Machado, quien pronuncio el discurso de orden en la ceremonia de la Catedral y al Pbro. J. M. Guevara Carrera.

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