domingo, 8 de noviembre de 2015

LUCILA PALACIOS



Cuando me encierro a escribir, escribo lentamente, porque leer entonces es como pecar y el pecado es condenable.

Era tan original que temió siempre la influencia, aún en este estado directo de la lectura. Evitaba que sus creaciones literarias nacieran con en pecado original de la lectura. Si tenía que leer, se leía así misma. De manera que durante la concepción y el parto se alejaba de influencias extrañas.

 Se refería a ella sobre todas las producciones literarias. Procuraba que su obra fuera pura con el agua profunda de los manantiales. Acaso pura como el pájaro moriche de su novela “Orquídeas Azules” resistió a dejar la selva porque enamorado estaba de una flor. Ella, en cambio, tuvo que abandonar a Ciudad Bolívar, porque desde el Ávila podría contemplar y vivirla mejor, sin la fiebre terciana y otras zoonosis de la selva que asediaban su existencia a riesgo de una vida menos longeva que la vivía.

Porque el jueves 31 de agosto cuando dejo de existir, precipitada su muerte por una caída, Mercedes Carvajal de Arocha ya era nonagenaria. Había vivido más que Gabriela Mistral, la siempre humana y lírica poeta chilena de cuyo nombre legitimo (Lucila Godoy) tomo parte de su seudónimo literario parta contemplar con el de palacios es un intento por acercarse al Libertador a través de su madre Maria de la Concepción Palacios.

El seudónimo Lucila Palacios surgió en la plaza de tucupido, entre maestro y amigos de su marido muerto en Londres.

   Con ese seudónimo combino un publicar su primer trabajo literario  en los periódicos “El Unare” (de Guarico) y “El Luchador”  (de Ciudad Bolívar). Era una cuenta costumbrista captada por la propia existencia de personajes de la calle cuyas voces llegaban al balcón del hotel de Tucupido donde se hallaba hospedada.

 Lucila nació en puerto España (Trinidad) en mayo de 1909 cuando el capitán Cecilio Farreras se alzaba contra el Gobernador del General Julio Sarría Hurtado. Su familia retorno a Ciudad Bolívar después de los 40 días de nacida. Su vida transcurrió en el inmueble que es hoy sede de la Biblioteca Rómulo Gallegos y desde allí irrumpió a arengar al pueblo en pos de sus derechos conculcados el día en que falleció el dictador Juan Vicente Gómez.

Lucila fue la primera en tomar las calles. La primera en convocar al pueblo y arengarlo en dirección hacia una toma de conciencia a favor de su legítimo derecho a ser libre y darse libremente su gobierno.

Se montó sobre uno de los barcos del paseo Falcón y sintió bullir en sus venas la sangre  literaria de sus abuelos allí a su lado dándole apoyatura a sus piernas estaban Alida Gambús y Consuelo Estéfano. Solo faltaba el joven Guillermo Benzel, quien desde el día anterior era preso del presidente del Estado, Antonio Alamo, por haber gritado ¡Abajo la dictadura!

Tras la caída del Dictador regresó el exilio su tío Félix Montes, recibido por ella en Caracas. Luego, durantes tres años, siguió a su esposo por San Fernando y Tucupido hasta radicarse definitivamente en  Caracas que todavía exhibía sus techos rojos, sin que por ello perdiera la visión del Orinoco.

Lucila justificaba su permanencia en Caracas por que el clima le asentaba bien a su salud y por que aquel medio había sido favorable para escribir la mayoría de sus treintas obras clasificadas entre novelas, cuentos, dramas y ensayos.

Los buzos (obra premiada en Cuba, 1939) tres palabras y una mujer (premiada en el concurso de la Asociación Cultural Interamericana, 1943) El Corcel de las Crines albas (premio Arístides Rojas); Cubil, El día de Caín (accesit premio nacional de literatura, 1960), tiempos de siega, Orquídeas azules, signo en el tiempo, La piedra en el vació, Reducto de Soledad, Cristal de aumento, Cinco cuentos del Sur, Ayer violento, Poemas de la noche y el  silencio, Espejo Rodante, son sus obras más conocidas.

De ella, la mayor resonancia ha sido “El Corcel de los crispes albas”, la cual expresa el drama social del contrabandista margariteño. Pero ella solía decir en sus tertulias que personalmente prefería su libro “Tiempos de siega”, tal vez porque lo trabajó intensamente. Un tema fundamentalmente sociológico que apunta hacia el transito de una mujer que era todo amor, desprendimientos y entrega total, a la situación de amargada y avara.

“Tiempos de siega” se ambienta en Ciudad Bolívar al igual que “Orquídeas azules”. Esta última se recrea a una leyenda guayanesa que cuenta la forma como un pájaro moriche se resistía a dejar la selva por estar enamorado de una flor. En una obra teatral montada en Caracas con música de Maria Luisa Escobar.

La poesía también cautivo a la escritora, pero debió relajarse por considerarla que se sentía enteramente realizada en a narrativa. Solo se conoce de ella “Poemas de la noche y el silencio” publicado en 1964 y del cual Velia Bosch seleccionó  para su Antología  este poema  “Tala” que empieza así:   ”Tala de sueños/ en el bosquejo negro de la angustia/ Dolor de pozo/ con un cristal empañado en el fondo/  y arriba/  la noche, / ciega también de estrellas.

Últimamente Lucila se  dedicaba a escribir páginas autobiográficas reflejando en ellas sus actuaciones en la política, la diplomacia, en centros culturales y docentes. Muchas de esas páginas aparecieron en el primer tomo de su libro “Espejo Rodante”.

Asimismo se dedicaba a pintar. Pintaba rostros. Trato siempre de mantener su pintura en reserva aunque una vez alguien lo animó y lo envió una de sus pinturas al salón de Aficionados y ganó Mención especial. Cuando vino a recibir el Orden Congreso de Angostura junto a Luz Machado le trajo de regalo al extinto poeta José Sánchez Negrón el cuadro “Selva Florida”.

Siempre lucho y soñó desde las opiniones políticas de independientes por una Venezuela grande y fuerte dentro de la integración americana. Pensaba que un país aislado esta  siempre a expensas de grandes potencias.

Lucho dedicadamente por los derechos de la mujer. Una de sus preocupaciones cuando comenzó a participar en una vida política fue la de trabajar por la reforma del Código Civil porque era inadmisible aquello de “no podrán ejercer la patria potestad locos, borrachos ni mujeres”. Es decir, que estaban las mujeres al mismo nivel de los indeseables. En esa batalla se dio por entero desde el primer Congreso de Mujeres presidido por Antonia Palacios.

Simpatizó por Acción Democrática. Jamás quiso inscribirse. Alegaba que no podía ser del partido porque era muy independiente y de carácter fuerte aunque en la vida ordinaria aparentaba suavidad en el trato.

Fue diputado de AD en la Asamblea Constituyente de 45, pero postulada por su grupo de independientes que lideriza Juan Manuel Sucre Ruiz (Chipo Sucre). Después fue senador a exigencias de su amigo Alberto Carnavali.

Cuando derrocaron al presidente Rómulo Gallegos, le allanaron su casa y  le pusieron un revolver en el pecho al reclamar airada que estaban violando su inmunidad parlamentaria.


Durante la gestión de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni se desempeño como embajadora de Venezuela en Uruguay. Primera mujer venezolana que asumía esa responsabilidad como igualmente fue la primera mujer en ingresar a la Academia de la Lengua. La propusieron René de Sola, Pedro Díaz de Seijas y Salcedo Bastardo. Entonces en su discurso hablo de Concepción de Taylhardat, upatense de una importante trayectoria política. Ahora queda un vacío en la Academia y seguramente habrá de llenarlo la escritora también guayanesa, Luz Machado.

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