lunes, 9 de noviembre de 2015

CONCEPCIÓN DE TAYLHARDAT


Las primeras mujeres guayanesas y posiblemente venezolanas dedicadas al periodismo, fueron las upatenses Concepción Acevedo de Taylhardat y Anita Acevedo Castro, no solo periodista sino también editora como Elizabeth Mallet, de Inglaterra, la primera del mundo.

Junio, mes del primer periódico sosteniblemente libre de Venezuela, el “Correo del Orinoco”, editado, como dice su editorial, “en las inmensas soledades” del gran río padre, siempre es bueno, idea para recordar no solo lo que ha sido el periodismo en Guayana y el país, sino también para resaltar a los valores humanos dedicados a la inquieta y vocacional tarea de informar y orientar.

Y reflexionando sobre el tema recordaba a la primera mujer periodista del mundo y me preguntaba quien o quienes fueron las seguidoras de Elizabeth Mallet en Venezuela y Guayana y resaltaban siempre las figuras de las upatenses, Concepción de Taylhardat y Anita Acevedo Castro.

Elizabeth Mallet, no solo fue la primera periodista del mundo sino que editó el primer diario también del mundo: el “Daily Courant”. El Dalí Courant era una hoja de pequeño formato, a dos columnas, impresa solo por una cara. El pie editorial decía: “Londres, vendido por E. Mallet, junto a la taberna de King´s Arms, en Fleet Bridge”. El primer número salió a la calle el 11 de marzo de 1702, apenas con 194 líneas de noticias.

Pues bien,  aquí en el Estado Bolívar siguieron su ejemplo Concepción de Taylhardat y Anita Acevedo Castro, comenzaron el presente siglo veinte, no cotidianamente como lo hizo la Mallet sino como una periodista menor.

Concepción Acevedo de Taylhardt, guayanesa nacida en Upata el 18 de octubre de 1855 y fallecida el 17 de 1953, fue, no solo periodista, sino poeta y docente, un tiempo en que la incorporación de la mujer a los ofrecimientos de la vida moderna actual se  veía prácticamente vedada.

Upata entonces estaba como Bolívar culturalmente en situación privilegiada en comparación con otras ciudades venezolanas, debido a la Floreciente economía signada por la explotación del oro del Yuruary y a la corriente migratoria que a través de las colonias antillanas se mantenía fluida desde países importantes de Europa como Francia.

De Francia, precisamente, procedía Raúl Lefranc de Taylhardat,  poeta y oficial retirado del ejercito galo, quien se casó con ella para hacer hogar y familia, transplantado en Venezuela, lejos de su patria asediada por la guerra.

Cuando Upata le resultó imposible para ampliar el horizonte de sus aspiraciones, la pareja se trasladó a Ciudad Bolívar que tenía a pesar del oro del Yuruary, mayor movimiento mercantil que Upata. Aquí Concepción Acevedo de Taylhardt encontró clima y mejores posibilidades para cumplir su misión de madre.

Nacieron en la antigua Angostura del Orinoco: _Leopoldo Augusto, Gustavo Adolfo y Carlos Alberto, mientras que su esposo que había encontrado arrigida en el ambiente corso bolivarense, se dedicaba al comercio y promoción de empresas.

Una mujer intelectual en plena producción como Concepción de Taylhardt, casada con un europeo de mentalidad amplia, no podía quedar reducida, como era lo tradicional, al mero ejercicio hogareño. De manera que fundo una Escuela donde sus hijos empezaron a compartir con otros niños bolivarenses la tarea de aprender las primeras letras.

Catorce años después, a la edad de 35 años y tras la muerte de su esposo, se radico en Caracas, con mejores perspectivas para consolidar su carrera de docente que la mantuvo activa durante 60 años y preparar mejor a sus hijos. En la Caracas de 1890 pudo también continuar su trabajo literario iniciado en Ciudad Bolívar con el semanario “Brisas del Orinoco” (primer periódico fundado y dirigido en Venezuela por una mujer) y los poemarios “Flores del alma” y “Arpegio”.
En Caracas fundó primero “El Ávila” y luego la revista literaria “La Lira” que mantuvo su circulación durante 28 años y en la cual colaboraron Andrés Mata y Luis Urbaneja Achepol, entre otras glorias de las letras venezolanas. En Caracas, asimismo, estudio linotipia y telegrafía, alternó con los intelectuales de la época y colaboró en “El Cojo Ilustrado”.

Después fue el dolor, el padecimiento, la tragedia de Leopoldo Augusto, el hijo mayor, coronel del ejercito, perseguido, encarcelado, torturado y muerto por el gobierno de Cipriano Castro, contra quien participó en una sublevación militar por no soportar el autocratismo de un político y militar que se autoproclamaba restaurador del liberalismo.

De nada valieron sus ruegos reiterados al mandatario: “Vuelvo a pedir para mi amor clemencia / vuelvo a rogaros por el hijo mió / tenéis en vuestras manos su existencia / yo en vuestro noble corazón confió/. Pero Castro tenía el corazón en el riñón que le superaba y le devolvió al hijo hecho cadáver. Con su dolor de madre acuestas durante el prolongado resto de su existencia, tuvo que morir también, 17 de junio de 1953, casi centenaria, pero lúcida y narrándole a sus nietos los cuentos que a ella le contaban cuando era niña sus abuelos del Yocoima.
Anita Acevedo Castro
El nombre de Anita Acevedo Castro, como periodista y poetisa, está unido a “El Alba”, quincenario upatense de larga vida, editado en la segunda prensa llegada al Yuruary y la quinta de Guayana desde la The Washington Press del “Correo del Orinoco”.

 Efectivamente, luego de la prensa del Correo en 1817, los hermanos Ayala de Ciudad Bolívar importaron en 1838, a través de la firma mercantil Dalla Costa, la segunda prensa, donde se editaron “El filántropo”, “El campanero”, “la cuenta”, “Cuatro Contra tres”  y “El filántropo”, entre otros. En 1854, el Gobierno del Estado importó una prensa para la Municipalidad de Heres donde se editó “El Progreso”. En 1855, el general Angel S. Olmedo introdujo en Guasipati otra The Washington y juego en 1857, Don Pedro Cova instaló en Upata la quinta prensa llegada a Guayana.

Esta prensa la adquirió Don Pedro Cova en cumaná, y llego por mar y río hasta puerto de tablas y de allí en lomo de mula hasta Upata. una vez instalada se editaron en ella los impresos más comunes, pero especialmente, los periódicos El Guaica, en 1958, y del cual fue su fundador y director. Más luego sus hijos Eugenio y Andrés publicaron un semanario, El Promotor, de literatura. Muy posteriormente: El Derecho, El yocoima, Ecos, El Avisador, El impulso, Espartaco, El camarógrafo, el relator, El progreso y, El alba, que circuló por el lapso de veinte años y en cuya producción estuvo comprometida prácticamente la familia Acevedo, pero con mayor empuje y dedicación, Anita Acevedo Castro y su hermana Henriqueta.


Para entonces la prensa era propiedad del general Miguel Acevedo, quien lo compró a Andrés Cova, heredero de ella a la muerte de su padre don Pedro Cova.

El “Alba” salio a la calle el 15 de febrero de 1922 en formato de 25x32 cms, 4 páginas, con informaciones a tres columnas, bajo la dirección y administración de Anita Acevedo Castro, Nicomedes Casado Acevedo y Henriqueta Acevedo. Circulaba quincenalmente y “cuando la Dirección lo juzgue conveniente”. Se ocupa la literatura y de intereses  generales. La suscripción mensual era de un bolívar y se canjeaba con todos los periódicos de dentro y fuera de la República.

El Alba circuló durante veinte años y se sostuvo fundamentalmente con los denuncios mineros y finalmente con una subvención de cien bolívares del Estado. Refiriéndose a este quincenario, en su libro “creciente”, Rafael Pineda dice que “por su tono y presentación, El Alba no sólo entusiasmó a los entendidos que colaborarían en sus páginas, como los Oxford, Sandalias Siso, Pedro Manuel Castro, César D’Escrvan, Fernando Teodoro y Maria Cova Fernández, C. de brindis Pérez, José mercedes González, Cipriano Fry Barrios, Román Otero Fernández, Carlos Rodríguez Jiménez, Maria Díaz, entre otros, sino que también sirvió para apaciguar las tribulaciones entre quienes tenías familiares entregados al laboreo de las minas,  pues parte del contenido del periódico confirmaba la existencia del oro y auguraba días  próspero para todos, con la publicación de un cartel en que Andrés Brito, guardaminas  del Estado Bolívar, hacia saber que las minas de la veta aurífera denominada “La Alianza”,  ubicada en la jurisdicción del Municipio Pedro Cova, había sido protocolizada en su oficina, en caso de que alguien que no fuera su denunciante se creyera con derechos sobre la posesión”.
“El Alba”, casi todo impreso con tipos suelto de diez punto, siempre le dio prevalecía a lo literario, destacando en primera plana los temas de esta índole en tanto que lo informativo estaba relegado a las página internas y la última dedicada a la publicidad comercial. Una muestra es la eminente profesor de letra. Para entonces Miguel Emilio Palacios, profesor del Colegio Federal y quien fundó en Guayana la primera Escuela Minera, había quedado ciego a causa de una explosión en las minas subterráneas de El Callao. “El Alba” lo alude diciendo que “es el Milton americano, ilustrado y sabio, como lo fue el inmortal inglés. El Milton ingles, con la esplendorosa luz de su inteligencia, canta en himno patriótico el riquísimo resurgimiento del Yuruari aurífero e industrial”.

En la misma primera plana resaltan dos sonetos: “El Regreso”, de Juan Santaella y “La Bienamada”, de J. M. Agosto Méndez, así como una carta lírica, de Anita Acevedo Castro, donde llora la ausencia del amado.

En la segunda página se lee un corto poema en prosa de Virgilio Bártoli Salmerón, seguido a una columna de la nota informativa sobre una Junta de Fomento que preside el doctor Lecuna Bejarano. Llego da cuenta de la visita a Upata del bardo Agosto Méndez, para un recital a beneficio del Cementerio. Informaciones sobre la muerte de San Félix del coronel barquisimetano José Flores Alvarado; recepción festiva del doctor Carlos Rodríguez Jiménez por su discurso en la inauguración en Ciudad Bolívar de un bronce regalado por el congreso nacional como homenaje AL General Juan Vicente Gómez.

 En la página tres de una columna están las Sociales y a dos columnas una Relación, primera quincena de agosto, de la Administración de Renta del Distrito Piar, firmada por el administrador A. Ma. Guerra y el presidente municipal A. Lecuna Bejarano.


 En la última página una publicación de la Biggot, fabricantes del cigarrillo Bandera Roja, “imposible de igualar en calidad”, otra de la sub. Agencia Víctor de C. Lecuna Baldó que vendía vitrolas,  ortofónicas, disco y agujas; un anuncio de La Previsora, de Daniel Vera,  ofreciendo casabe, leña, tabaco de fumar y de rollo, así como goma china; Rectificación de Licores, de J. A. Medina ofreciendo su nueva bebida el ambarito Chartrense, y de la Zapatería Polar de José M. Silva anunciando su gran surtido de pieles.

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