jueves, 26 de noviembre de 2015

JUAN VICENTE CARDozo


Primer gobernador político de la provincia, presidente de la Municipalidad y diputado del Congreso de Angostura tras la campaña Libertadora de Guayana.
            Al lado de los contaste, los Afanador y los Machado, Juan Vicente Cardozo se enrolo en la lucha por la emancipación a partir de 1810 cuando siendo secretario del Ayuntamiento de Angostura, fue destituido por simpatizar con la junta Suprema de caracas. Entonces fue perseguido hasta 1817 que se sumó a los patriotas que hicieron posible la toma de Angostura.
            Cardozo era un joven ilustrado nacido en Angostura el 29 de agosto de 1783, un mes más joven que el Libertador. Sus padres Juan Crisóstomo e Inés Margarita de Alén, peninsulares radicados en la provincia de Guayana desde la época  del gobernador Manuel Centurión, se esmeraron en darle la buena educación tanto  a él como a sus hermanos Juan Bautista y Casto, también incorporados, pero como civiles, el ejército republicano. Juan Vicente, entre todas, fue siempre el más destacado, hasta el punto de recibir la confianza del Libertador, quien lo nombró Gobernador político de la provincia y Presidencia de la Municipalidad de la Capital, cargo que le fue ratificado por elecciones del 8 de diciembre de 1817.
            En esos comicios del 8 de diciembre de 1817 fueron elecciones para integrar la primera Municipalidad que se constituyó en Angostura después de ocupada la provincia por los patriotas, además de su presidente Juan Vicente Cardozo, Lorenzo Lezama (primer Vocal-alguacil mayor), José Luis Cornéeles (Segundo Vocal-alcalde provincial), José Tomás Machado (tercer Vocal-fiel ejecutor) Felipe Delepimi (cuarto vocal-Padre de menores) Guillermo Grillet (quinto vocal-sindico procurador), Tomas de Urbina (sexto vocal-administrador de rentas) y Casiano Bezares (secretario). Como se percibe, entonces, acaso por escasez de personal idóneo, los concejales ejercían a la vez cargos administrativos dentro de la propia municipalidad.
            Esta municipalidad se instaló el primero de enero de 1818 y dictó su primera Ordenanza siete días después, dirigidos a ponerle freno a los problemas de los cadáveres arrojados al Orinoco, a los limosneros, prostitutas, al libre transito por villas y ciudades y a las irreverencias contra la iglesia.
            Como que había quejas por parte del gobernador eclesiástico Domingo Pérez Hurtado puesto que el primer artículo de la Ordenanza establecía castigo severo contra “el que blasfemaré contra ella (La Religión Cristiana) y faltaré a la reverencia debida al Santísimo Sacramento, a la Madre de Dios, a los Santos y a los Templos”.
            Tanto ayer como hoy – parece ser esto una constante inevitable o producto de los momentos de crisis económica – se llegaba hasta el extremo del abuso, incomodar a la gente con solicitud de limosnas y colaboraciones invocando necesidades cristianas o humanitarias. Es por eso que Juan Vicente Cardozo prohíbe absolutamente pedir limosnas para cofradías o hermandades. Asimismo no debían hacerlo los mendigantes sin licencia del Gobierno.      
            Estando el país en guerra a favor de la Independencia, amenazada y asediada constantemente la provincia por espías y conspiradores, necesario era ponerle control al derecho de transitar libremente. De suerte que fue disposición expresa del gobernador y presidente edilicio impedir que ninguna persona eclesiástica, ni secular de cualquier sexo, saliese fuera de la Capital a dos leguas de distancia, para el interior, ni embarcados para los pueblos, villas y lugares de la provincia o las vecinas, sin llevar expresa licencia por escrito de las autoridades competentes. Para los aprehendidos sin este documento se establecía sanción de 25 pesos de multa y 50 para los responsables de embarcaciones con pasajeros sin el pase correspondiente y según las circunstancias que concurran en la persona que contravenga, se le juzgará como sospechosa al Gobierno de la República”.
            Ese año la viruela comenzó a causar estragos en la provincia y el gobierno se vio obligado a dictar un Bando ordenado que luego de enfermarse algún habitante de viruela o de otro mal contagioso, fuese denunciado ipsofacto al alcalde de barrio para la ejecución de las providencias correspondientes. Lo mismo debía hacer los médicos y cirujanos latinos y romancistas a los cuales les tocará recetar pacientes, so pena los primeras de 6 pesos de multa y 4 los segundos. La mitad del producto de las sanciones se comprometía para el vestuario de la tropa y la otra para los gastos de Justicia.
            Afortunadamente existía desde 1798 que fue descubierta por el médico Inglés Eduardo Jenner una vacuna contra la viruela, pero no obstante que España había sido una de las propagadoras de esta vacuna en esas colonias, en la provincia de Guayana no se conocía. De suerte que ante la emergencia hubo el gobernador cardozo que  comisionar al almirante Luis Brion para que la hiciese traer de las colonias extranjeras y al doctor Samuel Forsyth para que se abocara a obtener “el mismo Fluido en las Vacas, a cuyo intento practicará con el interés y actividad que ha manifestado al Gobierno todos los reconocimientos  que crea necesario, y para lo que se le facilitara cuantos auxilios pida”.
            La forma de vacunar entonces la viruela era inoculando el pus de los animales enfermos de la llamada peste vacuna (coxpox), pues el científico Inglés Jenner había descubierto que los enfermos que padecían de tal peste eran refractarios a la viruela.
            Y así como había que prevenir y atacar la viruela había que hacerlo con otros males en constante asecho. La pérdida de la provincia de Guayana fue un golpe noble para los realistas que le habían hecho inexpugnable. Angostura como lo previeron sus planificadores y fundadores era la puerta de entrada desde el mar hacia el interior del dorado minero y ganadero. De allí que desde su toma por los patriotas hubieran intentado de algún  modo recuperarla hasta con una especie de “caballo de Troya” si era necesario. Al parecer así se proyectó pero fue accidentalmente descubierto desde la capitanía de puerto que detecto la sospechosa frecuencia con que viajaba una negra cuyo nombre y paradero jamás se supo, al igual que el destino de once tripulantes de la flota de Brión que junto con ella fueron aprehendidos tras decomisarle documentos que arrojaban luz sobre una proyectada rebelión.
     La proyectada rebelión  se habría estado gestando entre tripulantes de las embarcaciones pertenecientes a la armada en combinación con hispanos residenciados en las Antillas, pero con intereses en la Angostura del Orinoco. A tales tripulantes se les habría prometido en recompensa bienes de los habitantes afiliados activamente a la causa patriota.
     Esto dio lugar a que en el bando del 8 de febrero de 1818, el gobernador Cardozo tocara el asunto en los siguientes términos:   
      “El enemigo se vale de cuantos medios le dicta su ambición desmedida, y el odio e interés característicos que anima y dirige todos sus pasos y movimientos, vela sin cesar en la destrucción del sistema liberal que felizmente se ha establecido y se disfruta en todo el territorio que domina la republica de Venezuela. A los dignos defensores y habitantes de ella, les es privativo ser infatigables y superiores en la misma vela para oponerse a los tiros de la injusticia, del desorden, y de la arbitrariedad, burlando las criminales ideas de los que cifran su felicidad en la ruina de nuestras personas, y en la inicua posesión de nuestras propiedades. De estos principios se deduce cuan interesante es aquella continua y no interrumpida atalaya; y en este concepto se ordena a todos, sin excepciones, que deben dar cuenta al Gobierno Político en esta Capital, y a sus representantes fuera de ella, de cuantas noticias adquieran, y se les comunique por escrito o de palabra sobre sucesos favorables a las armas enemigas, que se propagan regularmente tan falsas como estudiosas; y del mismo modo de las cartas y papeles de autores conocidos o anónimos, y espías que por cualquier punto se introduzcan en esta provincia; entendidos los contraventores de que serán, además de tratados como enemigos o sospechosos al Gobierno Republicano, según las circunstancias del caso, destinados al servicio de obras públicas, y después al de las armas”.
    Bajo tales previsiones comenzaron a llegar las noticias, y una de ellas tenia que ver con la circulación de monedas dudosas o sospechosas, pues como era sabido, en la Provincia de Guayana como en las demás bajo el dominio de los patriotas solo se permitía la circulación de la moneda cordón de oro y plata, cabe decir la Macuquina del antiguo régimen español y la Macuquina acuñada en caracas en la segunda época de la República; sin embargo, el Gobierno detecto la circulación de una moneda contrahecha, por lo que el bando de la misma fecha editado en la prensa donde mas tarde si editaría el Correo del Orinoco, amenaza con castigos severos tanto para los falsificadores de monedas como para los encubridores.
       Las averiguaciones conducirán mas tarde ha encontrar en Barinas la fuente del dolo. El General Páez era el responsable. Privado de recursos en la provincia de Barinas, aislado y sin un signo de convención para el comercio, se vio obligado a acuñar moneda por el molde de la Macuquina que hizo romper el Gobierno de Venezuela en la segunda época de la independencia.
     El 18 de junio del mismo 1818, Bolívar dictará un decreto de tres artículos sobre la materia: “Articulo 10.- La moneda acuñada en la Provincia de Barinas no circulara en ninguna de las otras Provincias de Venezuela, en atención a que le falta la ley, el peso y la perfección del signo. Art. 20. - Tanto en aquella provincia, Como en las demás de la República se prohíbe la circulación de otra moneda que la de cordón de oro y plata: la Macuquina del antiguo régimen Español, y la Macuquina acuñada en Caracas en la segunda época de la República. Art.30.- Sin embargo de lo dispuesto en el artículo precedente, en beneficio del crédito de la Provincia de Barinas, y para evitar los perjuicios que sufrirán la moneda expresada en el artículo 10. Correrá esta dentro de aquella Provincia en clase de provincial, mientras se amortiza por el Gobierno”.
    Las casas de Angostura, hechas con piedras, barro, madera y tejas, encaramadas sobre un cerro rocoso, tenían poca posibilidad de perdurar en el tiempo sin un mantenimiento cabal y constante, de suerte que cuando quedaban solas o abandonadas mucho más se agravaba el riesgo.
    Como consecuencia del sitio y toma de Angostura, numerosos inmuebles quedaron abandonados y otros impactados por la artillería, situación que posteriormente fue aprovechada para el saqueo y el desmantelamiento que hubo de frenarse con el siguiente Bando: “ Es muy rápida la marcha con que se están arruinando los edificios de esta Capital, ya concluidos y ya en fabrica por lo que se han dedicado a destruirlos, reduciendo a leña sus maderas, con perjuicio de los propietarios, y del ornato de la población, se prohíbe la continuación de este abuso y el contraventor además de pagar el valor de lo destruido, será destinado a los trabajos públicos por el termino de tres meses”.
    Con multa y trabajo forzado se castigaba entonces a los delincuentes y los delincuentes no solo eran los marginados de Angostura sino tripulantes de embarcaciones que pasaban o llegaban por este puerto. El robo estaba en la orden del día, siempre lo ha estado en tiempos de guerra, de crisis, y Guayana pasaba por esos males para lo cual hubo que implementar prohibiciones y castigos. En esos días fueron robados pistolas i sables en el almacén de Mr. William Handerson, efectos de la catedral así como prendas, alajas, armas y géneros de otros almacenes y casas particulares.
    La gestión de Juan Vicente Cardozo como Presidente municipal y Gobernador Civil duro hasta el 16 de julio de 1919, cuando hubo que poner al frente de esos cargos a un militar, atendiendo a la situación de inseguridad y amenaza como consecuencia del estado de guerra que se vivía. Lo sustituyo el General de Brigada Tomás Montilla y Cardozo fue instruido por el jefe supremo para que junto con Eusebio Afanador, Fernando Peñalver, José Tomás Machado y Pedro León Torres representaran a la Provincia de Guayana en el Congreso Nacional o Congreso de Angostura que se instalo el 15 de febrero de 1819. Su firma aparece en la Constitución centralista y en la Carta Fundamental de la Gran Colombia.
    Contrajo matrimonio muy tarde a la edad de 44 años, con Doña Margarita Sebastiana Rodríguez, con la que tuvo varios hijos. Permaneció activo en la política hasta muy avanzada edad, de la que se retiro decepcionado por el asesinato de su amigo el General Tomás de Heres.


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