jueves, 19 de noviembre de 2015

DOCTOR EDUARDO OXFORD


Doctor Eduardo Oxford
El médico de origen inglés, Eduardo Oxford, nacido y graduado en Ciudad Bolívar, figura como pionero de los estudios sobre geografía médica en Venezuela. El padre del escritor y político Eduardo Oxford López, también investigador de los problemas de Guayana, fue elogiado por Luis Razetti en el tercer Congreso Venezolano de Medicina celebrado en Valencia, en 1921.
El caraqueño, médico cirujano, Luis Razetti, quien sobresale como uno de los valores de la medicina venezolana, cuando quería demostrar que se puede ejercer la medicina en provincia sin dejar de estudiar y publicar, ponía como ejemplo al doctor Eduardo Oxford, y añadía: “si todos o siquiera la mayor parte de nuestros colegas de los Estados hicieran lo que ha hecho el doctor Oxford, ya podríamos disponer de una bibliografía médica nacional muy extensa”.
Esto comenzó a decirlo el doctor Razetti después de haber leído en el III Congreso Venezolano de Medicina reunido en Valencia el 26 de junio de 1921, en calidad de relator, el trabajo Geografía Médica del Yuruary, presentado por el doctor Eduardo Oxford, quien entonces ejercía la medicina rural desde San Félix hasta la frontera con la Guayana inglesa partiendo desde su sede en Upata.
El doctor Eduardo Oxford, nativo de Ciudad Bolívar, estudió en el Colegio Federal de Guayana, donde se graduó de bachiller en medicina en julio de 1888 y de doctor en medicina el 2 de febrero de 1890, bajo la rectoría del doctor D. Armas. Junto con el se graduaron Juan de Dios Holmquist, José Angel Rosales, Rafael Villanueva, Félix Páez, Luis Ramón León y J. L. Bousignac.
Al lado de su profesor, doctor Pedro Ignacio Aguerrevere, titular de las cátedras de patología externa y medicina operatoria, fundó “Ciudad Bolívar Médico” un periódico consagrado especialmente al estudio de la patología nacional y a las observaciones clínicas de los estudiantes. Apareció en julio de 1888 y calza el mérito de haber sido el primer periódico de esa índole en el Estado. En ese medio de escasa dimensión publicó el doctor Aguerrevere, entre otros estudios notables de patología tropical, su interesante memoria sobre el Beriberi que sirvió para esclarecer la naturaleza de dicha enfermedad y el modo de combatirla. También allí inició su carrera el doctor Oxford dando a ala publicidad interesantes observaciones clínicas recogida a la cabecera de los enfermos.
Inmediatamente después de graduado, escogió de propia voluntad establecerse en Upata, donde transcurrió toda su existencia profesional y fundó junto con su esposa Barbarita López una extensa familia.
Desde la medicina rural de Upata, el doctor Eduardo Oxford recorrió en su practica médica y asistencial todos y cada uno de los pueblos del Yuruari y todo cuanto vio y le sucedió lo recogió con acuciosa e intensa laboriosidad en su trabajo Geografía Médica del Yuruari, considerado por el doctor Razetti como “un trabajo completo, el más completo de cuantos se han escrito hasta ahora de la geografía médica de esa importante región de nuestro país y una de las más valiosas contribuciones que hoy poseemos para la formación de la Geografía Médica de Venezuela, que es uno de los principales objetos del Congreso Venezolano de Medicina”.
La obra publicada años después del Congreso, se divide en dos partes. En la primera, compuesta de seis capítulos, se estudian la geografía de la región, la climatología, la flora, la fauna, la etnología y la demografía. En la segunda se hace una detallada exposición de todas las enfermedades que reinan en el Yuruari, dedicándole un capítulo especial a las enfermedades parasitarias.
Un año después de la publicación de Geografía Médica del Yuruari, específicamente el 4 de octubre de 1926, falleció el doctor Eduardo Oxford y fue sepultado en el cementerio de Upata. Por la misma fecha, un año después, el doctor Luis Felipe Vargas Pizarro, quien fue su amigo y colega, escribió en Guasipati un artículo recordatorio titulado “Silueta de Justicia” en el que exalta la personalidad de estudiante y científico de Oxford y como manejó y estudió los grandes males, entre ellos, el paludismo y la fiebre amarilla, que en su época asediaron y atacaron a la población que le tocó asistir.
Dice Vargas Pizarro refiriéndose a la parte geográfica, orográfica, hidrológica, al extenso y nutrido capitulo de la geología, la climatología y la división política del libro, que “tiene todo cuanto pudiéramos desear”.
En la flora, por ejemplo, “enumera 175 plantas del Yuruary, con indicaciones de los usos médicos que les conceden con más o menos razón, las gentes del lugar, y en la etnología se extiende en consideraciones de gran mérito sobre las razas que han poblado al Yuruary, la influencia de los caracteres étnicos y las condiciones territoriales en el desarrollo de las enfermedades del lugar”.
El último reconocimiento hecho por el Estado al ilustre médico guayanés consistió en sustituir el nombre de “Jesús Crucificado” que tenía el hospital de Upata por el de Eduardo Oxford, pero recientemente alguna autoridad resolvió, tal vez por ignorancia, sustituirlo por el de nuestro buen amigo y excelente pediatra y humanista Gervasio Vera Custodio.

Eduardo Oxford López

De la familia Oxford López, quien más se distinguió, fue su hijo mayor, Eduardo Oxford López, escritor y parlamentario. Conocido entre sus amistades como “Guayo” casó con doña Carlota Arias Gómez, de El Palmar, y de ese matrimonio nacieron también once hijos, entre ellos, Carlos Eduardo Oxford Arias, abogado y político, gobernador del Estado Bolívar entre 1969-1970. Actual Juez Civil y Mercantil.
Eduardo Oxford López, de formación autodidáctica, fue un apasionado investigador de la Región Guayana, cuyos problemas estudió y divulgó a través de su obra y de su actuación política ya en la Secretaría General  de Gobierno durante la época de José Benigno Rendón o como senador por el Estado Bolívar durante el periodo 1939-1943 o como funcionario de la Corporación Venezolana de Fomento (1948).
Publicó varias obras: La primera vendimia (1933), Usupamo y otras divulgaciones (1940) Guayana y sus problemas, ensayo geo-histórico que plantea la necesidad de un programa para el desarrollo del potencial minero e hidráulico de Guayana (1942), Células nuestras (cuentos 1943), Los servidores de la nacionalidad (1945), El Hospital Oxford de Upata(1946), Apuntaciones para una geografía económica del Estado Bolívar (1948), Por las Churuatas de nuestros indígenas (1952) y Relatos y leyendas del sur venezolano, editado en Tipografía La Empresa, el gobierno del ingeniero Jesús Sanoja Valladares, en beneficio de la Junta Organizadora del Bicentenario de Ciudad Bolívar.
Este libro Relatos y leyendas del sur de Venezuela, quizás por su tiraje de 5.000 ejemplares, sea el libro más conocido de Eduardo Oxford López. Contiene a alo largo de sus 186 páginas, 17 leyendas indígenas y cinco relatos.
Roraima, el centinela
La leyenda que narra Oxford López sobre el Monte Roraima, meseta o tepuy, como llaman los Pemón a este tipo de montaña, en el extremo sudeste del Estado Bolívar entre Venezuela, Guyana y Brasil, es distinta a la que recoge Charles Brewer Carías de los indios Makiritares. Estos indígenas la llaman Dodoima y se trata, para ellos, del resto inferior de un gigantesco árbol sagrado que habría sido derribado por animales míticos par dar origen a la yuca y a todos los demás frutos que obtiene el hombre de la tierra.
Según la tradición indígena contada por los piaches, se trata de un Centinela que guarda la vecindad fraternal de las naciones fronterizas a fin de que no haya guerra como la que estuvo a punto de darse cuando el cacique de los arecunas deseó la mujer del cacique de los guayanos. Los amantes fueron sorprendidos y quemados en una hoguera sobre cuyas cenizas y por mandato de Amalivac, creció el Monte Roraima que simboliza una permanente admonición contra quienes pretendan traicionar el sagrado vínculo fraternal entre naciones.
Supamo
La montaña del Supamo, al igual que el río que revienta en los manantiales inagotables de sus laderas, simboliza, según la tradición indígena, la resistencia inexorable del indígena Supamo puesta a prueba para poder pretender el amor de Guaimerú, la hija del Toqui de la tribu (El río Supamo nace en las montañas de su nombre y desemboca en el Yuruari. Usupamo, como erróneamente señala el libro, es el nombre de un caño deltano que ya no aparece en el mapa y en cuyas inmediaciones estuvo Santo Tomás de la Guayana en 1630 bajo el gobierno de Luis Monsalve).
El Capuchino del Yuruán
El Yuruán es un río de 136 kilómetros de longitud que nace en la sierra de Lema y desemboca en el Cuyuní. Navegando ese río se encuentra en su curso una piedra inmensa sobre la cual fue esculpida la figura de un Capuchino de líneas muy sugestivas, orientándose el índice de su mano derecha hacia un lugar impreciso que los aventureros de la selva tradicionalmente conciben como el punto donde los frailes sepultaron los tesoros de las Misiones del Caroní que al parecer eran cuantiosos. Oxford López recoge en su libro esta leyenda y al referirse a la figura del misionero, expresa que era neta, precisa y definida. Su visión literaria es esta: “Tallado a la perfección en una roca, delineado con todas las características de los religiosos de esta Orden, aquella figura sacerdotal se imponía como un mandato, al gesto orientador de su índice. Determinando un derrotero aquella señal, ¿Qué significación cobraba? ¿Qué secreto escondía aquella determinante en la mitad del río y en pleno corazón de la montaña? Hacia donde debía ser obedecida. Porque de modo cabal e inconfundible aquella silueta religiosa, en actitud de orientación adquiría la significación de un símbolo, la línea de un camino, que no era precisamente el camino del cielo…”
El pueblo de las mujeres
Tal vez como aquel fabuloso pueblo femenino de mujeres guerreras que habitaban en las orillas del Termodonte, en Capadocia; mujeres que abandonaban a sus hijos varones y se cortaban el pecho derecho para poder disparar el arco. Tal vez como el pueblo que creyeron encontrar algunos de los conquistadores de América en las orillas del Marañon, había también un pueblo de féminas en Guayana. Según la leyenda recogida por Oxford López, ese pueblo estaba ubicado en la antigua Kamarata, singularizado por un estilo muy propio de existencia. Aparece como fundadora de ese pueblo la aborigen Mareselva, bonita pero estéril, quien decepcionada de la infidelidad de los hombres, huyó de su tribu con varias compañeras que dieron origen al pueblo. Cada año invitaban a los varones más fuertes de las tribus vecinas para participar en una bacanal de tres días con lo cual se aseguraban la permanencia y prolongación de la especie, a excepción de lo varones que eran estrangulados al nacer.
Sin embargo, el escritor colombiano Rafael Gómez Picón, en su libro “Orinoco, río de libertad” las ubica en la desembocadura del Cuchivero. “El Cuchivero, según la tradición – dice-, albergó en su desembocadura a las Aikeam-benanos, o sea, las mujeres sin marido, posible variación de las Amazonas”.
Los raudales del infierno
Ya casi al final de su libro, en la página 97, Oxford López, narra como los Caribes hicieron de los Raudales del Infierno su cómplice natural para asaltar a los navegantes y expone el caso de una numerosa familia guarauna que decidió incursionar en el Orinoco superior con sus avíos de pesca y fueron prácticamente exterminados en los Raudales del Infierno.
Los Raudales del Infierno, en las proximidades de Mapire, tienen 1.500 metros de largo por 500 de anchura y representa un peligro permanente para la navegación, especialmente en tiempo de crecida cuando las islas rocosas Caribe, Filón de oro, El Torno, Platero, y Guanare, son cubiertas por las aguas. Numerosas embarcaciones, incluyendo el vapor Alianza, han naufragado en medio de ese infierno incontenible de la fluvialidad y se requiere ser un experto muy calificado para enfrentar inexorablemente esa explosión violenta de los dragones que cuidan los nacientes del río.


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